Después de la menopausia hay que ir al ginecólogo

Tras el fin de la menstruación, aumentan los tumores de ovario y endometrio

Durante décadas, muchas mujeres han asumido que las visitas al ginecólogo dejan de ser necesarias tras la menopausia. Sin embargo, los especialistas coinciden en que esta creencia no solo es errónea, sino potencialmente peligrosa. El final de la menstruación no implica el final del riesgo ginecológico; de hecho, marca el inicio de una etapa en la que aumentan algunos de los tumores más relevantes en la mujer, especialmente el cáncer de ovario y el de endometrio.

En España, el cáncer de ovario registra alrededor de 4.500 nuevos casos al año y se sitúa como el sexto tumor más frecuente en mujeres . Su incidencia crece con la edad y afecta principalmente a mujeres entre los 65 y los 85 años, lo que lo convierte en un cáncer claramente postmenopáusico. 

A este se suma el cáncer de endometrio, el más frecuente de los tumores ginecológicos en países desarrollados, con más de 6.000 diagnósticos anuales y una edad media de aparición en torno a los 60 años.

Tumores silenciosos y diagnóstico tardío

Uno de los grandes problemas de estos cánceres es su falta de síntomas en fases iniciales, especialmente en el caso del ovario. Tal y como advierte el doctor Gurrea, “no tiene síntomas claros por lo que no alarma a la mujer y se diagnostica tarde” . 

Esto explica que cerca del 70% de los casos se detecten en fases avanzadas, cuando el tumor ya se ha extendido por el abdomen, afectando al peritoneo, el epiplón o incluso otros órganos.

En estas circunstancias, el pronóstico se complica de forma notable: más del 50% de las pacientes no superan los cinco años desde el diagnóstico. En cambio, cuando se detecta en fases iniciales, la supervivencia mejora significativamente, lo que pone de relieve la importancia del diagnóstico precoz.

El cáncer de endometrio presenta una evolución distinta, ya que en muchos casos sí ofrece una señal de alerta clara: el sangrado vaginal tras la menopausia. No obstante, este síntoma no siempre se consulta de inmediato, o aparece en mujeres que no realizan revisiones periódicas, lo que retrasa igualmente el diagnóstico. Detectado a tiempo, este tumor tiene una supervivencia superior al 80-85%.

El abandono de las revisiones persiste

El descenso de las visitas al ginecólogo tras la menopausia responde en gran medida a un hábito cultural arraigado. Durante años, la salud ginecológica se ha vinculado casi exclusivamente a la etapa reproductiva: anticoncepción, embarazo o citologías. Una vez desaparece la regla, muchas mujeres consideran que ya no necesitan seguimiento médico.

Sin embargo, es precisamente en esta etapa cuando ciertos riesgos aumentan y requieren una vigilancia más estrecha. El envejecimiento de la población refuerza este problema: España es uno de los países con mayor esperanza de vida, lo que implica un número creciente de mujeres en edad postmenopáusica expuestas a este tipo de patologías.

La ecografía vaginal, una herramienta clave

Aunque no existe un programa de cribado poblacional para el cáncer de ovario comparable al del cáncer de mama, sí hay herramientas útiles en la práctica clínica. Entre ellas destaca la ecografía vaginal, una prueba sencilla, accesible y no invasiva que permite evaluar tanto los ovarios como el endometrio en una misma exploración.

El doctor Gurrea subraya su importancia al señalar que "la única medida que pudiera diagnosticar un cáncer de ovario en estadios precoces es una ecografía vaginal cada 1 o 2 años tras la menopausia” . Además, esta técnica permite detectar engrosamientos del endometrio u otras alteraciones uterinas, lo que refuerza su valor en la prevención y diagnóstico precoz."

La importancia del control médico

En los últimos años, las sociedades científicas han insistido en que la prevención del cáncer ginecológico no puede basarse únicamente en hábitos de vida saludables. Aunque evitar el tabaco, mantener un peso adecuado o seguir una dieta equilibrada son medidas recomendables, su impacto en el cáncer de ovario es limitado.

Por ello, el seguimiento médico regular adquiere un papel fundamental, especialmente en mujeres con antecedentes familiares o factores de riesgo. La revisión ginecológica periódica permite detectar alteraciones en fases iniciales, cuando las opciones de tratamiento son más eficaces y menos agresivas.

Un cambio de mentalidad necesario

El mensaje de los expertos es claro: la salud ginecológica no termina con la menopausia. Mantener revisiones periódicas no es una medida opcional, sino una herramienta clave para la detección precoz de enfermedades que, en muchos casos, evolucionan sin síntomas.

En un contexto en el que estos tumores seguirán aumentando por el envejecimiento de la población, cambiar la percepción social resulta fundamental. Acudir al ginecólogo después de los 50 o 60 años debería formar parte de la rutina de cuidado de la salud, al mismo nivel que otras revisiones médicas. 

Porque, en muchos casos, una consulta a tiempo puede marcar la diferencia entre un diagnóstico precoz y una enfermedad avanzada.

FUENTE: Imagine Comunicación - Clínica Ansoáín

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