¿Está el sexo sobrevalorado?

Deseo, biología y realidad social más allá del tópico

El sexo no es una necesidad biológica primaria como comer, beber o dormir. Sin embargo, forma parte esencial del bienestar físico y emocional de muchas personas. Las diferencias entre hombres y mujeres, los cambios con la edad y la influencia del contexto social son reales, pero a menudo se simplifican en exceso. Los datos ayudan a matizar los tópicos.

“No nacemos ni morimos haciendo el amor. Pero sí comiendo y bebiendo.” La frase provoca, pero encierra una verdad biológica: el sexo no es imprescindible para la supervivencia individual. Un ser humano puede vivir sin actividad sexual; sin embargo, no puede vivir sin agua, alimento o sueño.

Ahora bien, que no sea imprescindible no significa que sea irrelevante. La Organización Mundial de la Salud considera la salud sexual como parte del bienestar general. Y cuando analizamos los datos, el sexo ocupa un lugar estable en la vida de la mayoría de adultos.

Según las encuestas nacionales de salud sexual en España, la gran mayoría de hombres y mujeres entre 25 y 65 años ha mantenido relaciones sexuales en el último año, y más del 80% considera la sexualidad importante para su calidad de vida. En el País Vasco, donde la esperanza de vida es de las más altas de Europa, la actividad sexual se mantiene con bastante estabilidad en la madurez, especialmente entre los 50 y 65 años, coincidiendo con una etapa vital de mayor estabilidad personal y menos presión laboral o familiar.

¿Son los hombres más aficionados al sexo?

De forma general, los estudios muestran que los hombres declaran mayor frecuencia de pensamiento sexual y mayor iniciativa en la búsqueda de relaciones. También es cierto que históricamente han estado más dispuestos a pagar por sexo, lo que explica que la prostitución haya sido un fenómeno fundamentalmente orientado al consumo masculino.

Sin embargo, cuando se analizan conductas reales, las diferencias entre hombres y mujeres se reducen. El deseo femenino está más influido por el contexto emocional, la calidad de la relación y el bienestar físico. No es menor; es diferente en su expresión y en sus detonantes.

También es cierto que existen hombres con bajo interés sexual sin que ello tenga relación con su orientación. El deseo no es homogéneo ni obligatorio. En cuanto a las diferencias dentro del colectivo homosexual, diversos estudios europeos muestran que los hombres gays refieren, de media, mayor frecuencia de relaciones que las mujeres lesbianas, un patrón que reproduce en parte las diferencias generales observadas entre hombres y mujeres heterosexuales.

¿Cuánto sexo tiene una persona a lo largo de su vida?

Las cifras impresionan cuando se ponen en perspectiva. Si una persona mantiene una media de una a dos relaciones semanales durante 40 años de vida sexual activa, el resultado oscila entre 2.000 y 4.000 encuentros. No son números desorbitados; son matemáticas.

En estudios poblacionales europeos, aproximadamente entre un 20% y un 30% de los hombres reconoce haber tenido alguna relación extramatrimonial a lo largo de su vida. En mujeres, la cifra es menor pero no despreciable. Los datos reales son difíciles de precisar porque dependen de la sinceridad en las encuestas, pero desmienten la idea de que la fidelidad o la infidelidad sean fenómenos excepcionales.

Jóvenes y adultos: paradoja generacional

Existe la percepción de que los jóvenes viven en un estado de permanente de hiperactividad sexual. Sin embargo, estudios recientes en Europa y Estados Unidos muestran lo contrario: la frecuencia sexual en el grupo de 18 a 25 años ha disminuido en la última década.

Las razones parecen múltiples: mayor tiempo frente a pantallas, retraso en la emancipación, precariedad económica y cambios en la cultura del consentimiento. No es una cuestión de falta de deseo o “potencia”, sino de contexto social y relacional.

En contraste, muchos adultos de 50 a 60 años mantienen una vida sexual más estable de lo que se suele suponer. En el País Vasco, donde la población envejece progresivamente y más del 25% supera los 65 años, la sexualidad en la madurez es una realidad clínica cotidiana.

Menopausia y deseo

Es cierto que muchas mujeres experimentan un descenso del interés sexual tras la menopausia. No tanto por una “pérdida de feminidad” como por factores concretos: sofocos, insomnio, sequedad vaginal, cambios hormonales y rutina de pareja.

Los estudios indican que hasta un 40% de mujeres posmenopáusicas refiere disminución del deseo, y entre un 30% y un 50% presenta síntomas de atrofia vaginal que pueden hacer dolorosas las relaciones. Cuando estos síntomas se tratan —ya sea con terapia hormonal, lubricantes específicos o abordaje del suelo pélvico— la función sexual mejora de forma significativa.

¿Se puede vivir sin sexo?

Sí. Se puede vivir sin sexo. Del mismo modo que se puede vivir sin practicar deporte o sin viajar. No es una función vital primaria. Pero también es cierto que la actividad sexual regular se asocia con mejor estado de ánimo, menor nivel de estrés, mejor calidad del sueño y, en algunos estudios, menor riesgo cardiovascular en la mediana edad. No es imprescindible, pero tampoco es trivial.

La autoestimulación, por otra parte, es una conducta universal, segura y sin riesgos médicos cuando se realiza de forma saludable. No sustituye completamente la dimensión relacional del sexo, pero forma parte del repertorio normal de la sexualidad humana a cualquier edad.

Quizá el sexo no sea lo más importante de la vida, pero tampoco es irrelevante. Está rodeado de mitos, exageraciones y discursos ideológicos, tanto de exaltación como de desprecio.

Como ocurre con la sinceridad o la democracia, más que sobrevalorado, el sexo está simplificado. Ni es el centro del universo ni es un asunto menor. Es una dimensión humana compleja, influida por la biología, la cultura, la edad y la historia personal.

Y cuando genera conflicto, insatisfacción o malestar —por exceso, por defecto o por cambios hormonales— merece una valoración médica seria y sin prejuicios como la del equipo de especialistas del Doctor Gurrea. ¡Visítanos, te esperamos!

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