Doctor Gurrea: "El problema no es que los hombres quieran tener hijos más tarde; es que cuando quieren, ya no pueden"
Las muestras de semen analizadas en el país arrojan hoy una media de 33,5 millones de espermatozoides por mililitro, según los datos del Instituto Bernabeu. La cifra genera preocupación ante la Organización Mundial de la Salud, que considera subfértil a un hombre con menos de 40 millones por mililitro. Esto sitúa la media española en una franja de subfertilidad que, hasta hace una década, era la excepción.
El 89% de los casos son silenciosos
La infertilidad masculina tiene un rasgo que la hace especialmente difícil de atajar: el hombre que la padece, la mayoría de las veces, no lo sabe. Según los estudios presentados en el último Congreso Anual de la Sociedad Europea de Reproducción Asistida, celebrado en Copenhague, solo se detecta el 11% de los diagnósticos de problemas reproductivos masculinos, lo que significa que aproximadamente 3,7 millones de varones españoles podrían ser infértiles sin ser conscientes de ello. La OMS estima que alrededor del 17,5% de la población adulta mundial sufre infertilidad, y en nuestro país afecta a más de 700.000 parejas, según la Sociedad Española de Fertilidad. El factor masculino, en solitario, es responsable del 30% de los casos de esterilidad en parejas heterosexuales.
El desconocimiento tiene consecuencias directas en los plazos de diagnóstico y tratamiento. "El hombre llega a la consulta cuando ya llevan un año o dos intentándolo, y muchas veces lo primero que se mira es a la mujer", señala el Doctor Gurrea, director médico del equipo de Ginecología e IVE de la Clínica Ansoáin de Pamplona y de la Clínica Euskalduna de Bilbao. "Un seminograma cuesta menos que una ecografía y da la respuesta en 48 horas. Que sea la última prueba que se pide sigue siendo uno de los misterios de esta especialidad."
Qué mide la fertilidad masculina
El parámetro más conocido, el recuento de espermatozoides, no es el único ni necesariamente el más determinante. Un seminograma completo evalúa tres dimensiones: la concentración, es decir, cuántos hay por mililitro; la motilidad, que mide qué porcentaje se desplaza de forma progresiva hacia el óvulo y ha caído un 12% en España, y la morfología, que valora si su estructura es la adecuada para completar la fecundación. Los datos muestran que esta ha pasado del 7,6% en 2017 a apenas el 3,85% en la actualidad, una reducción del 50% en menos de una década. Considerando que la OMS establece el umbral de normalidad en que al menos el 4% de los espermatozoides tenga la estructura adecuada, la media del país ha cruzado ese límite.
La fragmentación del ADN espermático añade una cuarta dimensión al diagnóstico que los análisis básicos no recogen. Un espermatozoide puede desplazarse con normalidad y tener una morfología aceptable, y aun así portar roturas en su material genético que impidan el desarrollo embrionario o aumenten el riesgo de aborto espontáneo. Este parámetro, que no es parte del seminograma estándar, está adquiriendo un protagonismo creciente en las unidades de reproducción asistida españolas y empieza a pedirse sistemáticamente en parejas con fallos repetidos de implantación o abortos de repetición.
Las causas: del sofá al plástico
La caída en la calidad seminal no tiene una causa única. Los estudios publicados en los últimos años apuntan a un conjunto de factores que actúan de forma simultánea y que en buena medida tienen que ver con el estilo de vida contemporáneo. La obesidad es uno de los más documentados: un estudio publicado en PMC en 2024 vincula directamente el exceso de peso con el desequilibrio hormonal que degrada la calidad del esperma. Esto se suma al tabaquismo, el alcohol, el sedentarismo y las dietas ricas en ultra procesados, todos ellos con evidencia de impacto negativo sobre los parámetros seminales.
El segundo gran frente son los disruptores endocrinos, sustancias químicas presentes en plásticos, pesticidas, pinturas industriales y productos de uso cotidiano que interfieren con las hormonas del organismo. Su efecto sobre los testículos incluye la disminución de la concentración y la movilidad espermática y descensos en los niveles de testosterona. A ellos se suman las enfermedades de transmisión sexual no tratadas: el porcentaje de muestras de semen afectadas por ETS en nuestro país ha pasado del 32% en 2019 al 42% en 2024, según el propio Instituto Bernabeu.
Cambio de hábitos y la reproducción asistida
El abordaje de la infertilidad masculina depende del diagnóstico y va desde medidas de estilo de vida hasta cirugía o reproducción asistida. Cuando hay desequilibrios hormonales, la terapia hormonal puede restaurar la producción espermática. Cuando existe una infección activa o sus secuelas, el tratamiento antibiótico dirigido y el seguimiento posterior del seminograma permiten evaluar la recuperación. De todos modos, los cambios en los hábitos cotidianos, dieta antiinflamatoria rica en antioxidantes, abandono del tabaco y el alcohol, ejercicio moderado y reducción del estrés, mejoran los parámetros seminales en un plazo de entre dos y tres meses, que es el tiempo que tarda en renovarse completamente la población de espermatozoides.
Cuando el factor masculino es severo y no tiene solución médica o quirúrgica, la reproducción asistida ofrece opciones eficaces. La inseminación artificial es indicada cuando los índices son bajos, pero no críticos. La fecundación in vitro con inyección intracitoplasmática de espermatozoides, conocida como ICSI, permite fertilizar un óvulo con una única célula seleccionado bajo microscopio y es la técnica de referencia en los casos de infertilidad masculina severa. En los más extremos, con ausencia total de gametos en la eyaculación, la extracción testicular directa (TESE o micro-TESE) permite obtenerlos de quirúrgicamente para su uso en un ciclo de ICSI. "La andrología ha avanzado más en los últimos veinte años que en los cincuenta anteriores", sostiene el Doctor Gurrea, "pero la mejor intervención sigue siendo la que no hace falta hacer."
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