“La Seguridad Social no te regala condones”

Los jóvenes pagan su salud sexual mientras aumenta el gasto sanitario en la vejez

El acceso a la salud sexual entre los jóvenes vuelve al debate público. Mientras el sistema sanitario financia numerosos tratamientos asociados al envejecimiento, los métodos de prevención sexual siguen dependiendo casi exclusivamente del bolsillo de los jóvenes. El doctor Gurrea cuestiona este desequilibrio y plantea la necesidad de repensar las prioridades en salud pública.

Prevención que depende del bolsillo

La prevención de enfermedades de transmisión sexual y de embarazos no deseados descansa, en gran medida, sobre un producto sencillo: el preservativo. Sin embargo, a diferencia de muchos medicamentos o tratamientos sanitarios, su coste no está cubierto por el sistema público de salud.

Según estudios del Departamento de Salud del Gobierno Vasco y de Osakidetza sobre comportamiento sexual en población joven, alrededor del 70 % de los jóvenes afirma utilizar preservativo en sus relaciones sexuales ocasionales, aunque el porcentaje disminuye en relaciones estables.

Si se considera un precio medio de 8 euros por una caja de 12 preservativos, y un consumo aproximado de una caja al mes —una estimación conservadora— el gasto anual puede rondar entre 90 y 120 euros por persona. En relaciones más frecuentes, la cifra puede superar fácilmente los 150 o 200 euros al año.

En una comunidad como Euskadi, donde viven más de 300.000 personas entre 18 y 30 años, el gasto agregado en preservativos representa millones de euros anuales asumidos directamente por los propios jóvenes.

“La Seguridad Social no ayuda”

El médico y divulgador doctor Gurrea abordó recientemente esta cuestión: “La Seguridad Social no ayuda a los jóvenes con los gastos relacionados con la salud sexual. Sin embargo, sí cubre muchos gastos sanitarios asociados a la edad avanzada como puede ser una vasectomía, una ligadura de trompas, implantes de progesterona…”

Para Gurrea, este desequilibrio refleja una estructura del sistema sanitario más orientada a tratar problemas una vez aparecen que a prevenirlos en etapas tempranas de la vida.

En España, aunque existen campañas puntuales de distribución gratuita en determinados contextos —especialmente en programas de prevención del VIH—, el acceso cotidiano a preservativos sigue dependiendo fundamentalmente del mercado.

Cuestión de prioridades

Los expertos en salud pública insisten en que invertir en prevención es más barato que tratar enfermedades una vez aparecen. Las infecciones de transmisión sexual, como la clamidia, la gonorrea o el virus del papiloma humano, han aumentado en Europa durante la última década, especialmente entre la población joven.

En este contexto, facilitar el acceso a métodos de protección podría contribuir a reducir contagios y costes sanitarios futuros.

El doctor Gurrea resume esta contradicción de forma directa: “La prevención debería ser una prioridad en salud pública y siempre es más sensato que pagar después las consecuencias”

El debate no es nuevo. En algunos países europeos, universidades, centros de salud y programas públicos distribuyen preservativos gratuitos o subvencionados como parte de sus políticas de salud sexual.

Como concluye Gurrea en su reflexión:” Aquí hacemos las cosas al revés.  Estamos dando pañuelos a las y los mayores, a los que ya no tienen mocos, en lugar de corregir los primeros síntomas del resfriado”

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