Doctor Gurrea: “si no cambian algunas condiciones sociales y económicas, la caída demográfica continuará”
El descenso de la natalidad en España y en gran parte del mundo desarrollado refleja un cambio profundo en las prioridades vitales de los jóvenes. La precariedad laboral, el acceso a la vivienda y nuevas formas de entender la vida en pareja explican una tendencia que preocupa a demógrafos y economistas. El doctor Gurrea advierte de que, “Acostumbrémonos: la natalidad va cayendo en todo el mundo civilizado”.
Otra forma de vivir
Cada vez menos jóvenes se casan y cada vez nacen menos niños. Lo que hace apenas unas décadas era un itinerario vital casi automático —estudiar, trabajar, casarse y formar una familia— se ha transformado en un camino mucho más incierto. En España, la edad media para tener el primer hijo supera ya los 32 años y el número de nacimientos continúa descendiendo año tras año.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), 2023 registró menos de 330.000 nacimientos, una cifra que confirma una tendencia de caída sostenida desde hace más de una década. La tasa de fecundidad se sitúa en torno a 1,12 hijos por mujer, muy lejos del nivel de reemplazo generacional, que se sitúa en 2,1.
Esta situación no es exclusiva, países como Italia, Japón o Corea del Sur afrontan descensos aún más pronunciados, lo que ha encendido las alarmas sobre el futuro demográfico de las sociedades desarrolladas.
Individualismo y cambios culturales
Para médico y divulgador doctor Gurrea, el problema no es puntual ni coyuntural, sino parte de un cambio profundo en la forma en que las nuevas generaciones entienden su proyecto vital. “Debemos acostumbrarnos a la disminución de la natalidad en todo el mundo civilizado”, afirma.
La caída de la natalidad no se explica únicamente por factores económicos, sino también por una transformación cultural que ha modificado prioridades y expectativas personales.
El retraso en la edad de emancipación, el auge de trayectorias profesionales más largas y la búsqueda de estabilidad económica han desplazado la maternidad y la paternidad hacia etapas más tardías de la vida. En muchos casos, esa decisión acaba traduciéndose en menos hijos o en la renuncia definitiva a tenerlos.
Según explica Gurrea, Los jóvenes no tienen hijos porque quieren disfrutar de la vida, y tanto individualismo no conduce a parejas estables.El cambio en la estructura familiar también influye. El matrimonio ya no es la única forma de convivencia y cada vez más personas optan por relaciones menos institucionalizadas o por proyectos vitales individuales”.
Un futuro demográfico incierto
Sin embargo, el componente económico sigue siendo uno de los factores más señalados por los expertos. La precariedad laboral, los salarios moderados y el elevado precio de la vivienda dificultan que muchos jóvenes puedan plantearse formar una familia.
Más del 60 % de los menores de 30 años sigue viviendo con sus padres, una cifra que refleja la dificultad para emanciparse. Comprar o alquilar una vivienda en muchas ciudades supone destinar una parte muy elevada del salario.
El propio doctor Gurrea apunta a estas condiciones materiales como elementos clave: “Animar a los jóvenes a tener hijos significa también tener trabajos buenos, una vivienda… Todo ello puede ayudar a que no baje tanto la natalidad”.
La caída de la natalidad tiene consecuencias que van más allá de lo familiar. El envejecimiento de la población plantea retos importantes para los sistemas de pensiones, el mercado laboral y la sostenibilidad del estado del bienestar.
En España, la proporción de personas mayores de 65 años seguirá creciendo en las próximas décadas, mientras que el número de jóvenes en edad de trabajar disminuirá. Este desequilibrio demográfico ya preocupa a gobiernos y organismos internacionales.
Aun así, Gurrea considera que el cambio demográfico es, en gran parte, inevitable si no se transforman profundamente las condiciones sociales actuales.
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